En el laberinto iraquí

14/Ago/2014

El País, CLAUDIO FANTINI

En el laberinto iraquí

Lo había advertido con
claridad Brent Scowcroft. Sin una dictadura sunita, Irak estallaría en tres
pedazos. El norte marcharía hacia el viejo sueño del Kurdistán, que sólo se
materializó un par de años tras la Primera Guerra Mundial. El sur se
convertiría en un Estado chiita, probablemente teocrático como Irán. Y en el
centro quedarían los sunitas con las minorías árabes cristianas, sin
yacimientos petroleros.
Lo entendió George
Herbert Walker Bush, por eso ordenó al general Norman Schwarzkopf que sacara al
ejército iraquí de Kuwait, pero dejara en pie el régimen de Saddam Hussein en
Bagdad.
Bush hijo olvidó la
advertencia del consejero de Seguridad de su padre, lanzando la guerra que
derribó a Saddam y desmanteló el ejército iraquí, convirtiendo a Irak en un
agujero negro que engendró extremismos de toda clase.
El yihadista jordano Abú
Mussab al Zarqawi creó «Al Qaeda Mesopotamia», la milicia que derivó
en el Estado Islámico (EI) que rige en el centro de Irak a fuerza de fanatismo
lunático y exterminio.
Barack Obama tuvo que
regresar al conflicto del que quiso sacar a Estados Unidos para siempre. Los
bombardeos que realiza sobre las milicias de Abú Baker al-Bagdadí lo hizo
blanco de críticas, incluso dentro del Partido Demócrata. La pregunta que
disparan sobre el presidente es: ¿por qué bombardea en Irak, si no lo hizo en
Siria?
Obama tiene varias razones
válidas. En Siria, su decisión de bombardear tras el ataque con armas químicas
obligó a Rusia a mediar logrando que el régimen entregara sus arsenales
químicos. Además, precipitar en ese momento la caída de Bashar Asad implicaba
favorecer a la milicia rebelde más poderosa, que era precisamente el EI, el
grupo ultrafanático y sanguinario que controla el centro de Irak y el este de
Siria.
Otra razón es impedir que
la milicia se apodere del Kurdistán y sus yacimientos, lo que le permitiría
financiar las masacres y deportaciones de los caldeos, asirios y siríacos, así
como de kurdos y la comunidad yazidi.
El gobierno chiita
iraquí, apañado por Irán, cometió un grave error al marginar a los dirigentes
sunitas y maltratar a esa etnia. Pero apoyarlo, mientras se entrega armamento a
los peshmergas (combatientes kurdos) y se ataca desde el aire al EI es,
claramente, el mal menor.
No fue Obama quien
convirtió Irak en este mapa que se resquebraja violentamente, sino Bush hijo
enviando al inepto Paul Bremer a desarticular las Fuerzas Armadas y echar del
Estado a los sunitas del Partido Baas. Aquellas negligencias aceleraron la
descomposición que había anunciado Brent Scowcroft.